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La historia de la diosa Ruth


Ruth, la increíble y fantástica diosa pájara; santa de la pintura, de la música, de los pájaros. Habitante del bosque de Aldelhorte, en su árbol viviente, con raíces que descienden al mundo de los mortales.


Para saber de su historia, tenemos que remontarnos a su niñez, en el plano de los mortales: Ruth era una niña de Lugo, hija de Elena y Marcos, amante de los pájaros y de las artes.


Era tal su adoración por los pájaros, que cuando llegaba al colegio todos sus compañeros la oían, oían el sinfín de trinos de pájaros que la acompañaban, creando una música armoniosa a su alrededor.


El 30 de diciembre de 2010, día de su cumpleaños, había salido con sus padres de paseo y llevaba con ella el libro que le habían regalado. El libro hablaba sobre Camaris, el legendario hombre pájaro del Amazonas.


Cuando de mayor se licenció en Biología y Geología, se compró un billete para el Amazonas, emprendiendo así  el viaje que había esperado, desde que leyó el libro sobre Camaris sa Vinitta.


Una vez allí, contrató  una expedición para adentrarse en las profundidades de los pulmones del planeta. Después de dos semanas de emprender la marcha; los componentes de la expedición, ante las dificultades, fueron abandonándola uno tras otro y ella se quedó sola en la selva. Caminaba, día tras día, por ese ambiente cargado de humedad; con el propósito de encontrar a Camaris. Transcurridos dos años, finalmente lo vio; mejor dicho, vio una fugaz sombra que cruzó rápida ante sus ojos. Tuvo que esperar dos meses, hasta el siguiente avistamiento. En esta ocasión lo vio, atrapado entre unas zarzas, estaba el motivo por el cual había estado separada de la civilización dos años seguidos. Él ya la había visto, pero, aun así, se acercaba sigilosamente para no asustarlo; de repente, su pierna voló hacia su estómago y Ruth se dobló, quedándose sin aire… Camaris le escupió:


– Maldito cazador, por mucho que haya caído en tu trampa, no me atraparás tan fácilmente como pensaba tu pérfida cabeza.


Ruth, tratando de recuperar el aire le dijo:


– Yo no…


De repente, fue interrumpida por la entrada de otra persona en aquella incómoda y rara situación.


Era un hombre rubio, con bigote y barba de varios días, se le podía ver su cuello en tensión. Llevaba puesta una ajustada camiseta, de color marrón que se le ceñía a los brazos, permitiendo que se notara lo fornidos que eran. Llevaba un pantalón verde y unas botas marrones, de montaña. En sus brazos sostenía una MT-24, una bonita escopeta, reluciente; seguramente cargada.


Se dirigió a Camaris, al parecer no había visto a Ruth:


-¿Qué, cómo está el pajarillo?


Ruth tanteó el suelo, en busca de algo con lo que ayudar a Camaris; quizás, el animal más fantástico del planeta. Mientras el cazador seguía riéndose, Ruth topó con lo que podía ser la salvación del ser  que había recorrido sus sueños desde pequeña, una piedra. Pensó en sus padres, sus compañeros, su familia y lanzó la piedra con todas sus fuerzas. Impactó en la parte trasera de su cabeza, donde se une con el cuello; sonó un ligero crack, empezó a salir sangre y el cazador cayó como un plomo sobre la hierba.


Ruth se levantó y se dirigió hacia Camaris, que estaba enmudecido. Una vez llegó a su altura, miró la trampa que constituía su cárcel; era un matojo de zarzas, unidas en algunos puntos entre ellas y a la vez, a una rama de un árbol. Entre las manos de Camaris se podía ver un colorido pajarillo, que seguramente el cazador le había puesto de cebo.


Ruth hizo todo lo posible por mantener una conversación con él, mientras sus manos, entre pinchazos y arañazos; intentaban deshacer los nudos. Después de liberarlo, abrió las manos para que se pudiese marchar el pajarillo, y de repente ya no estaba allí. Camaris desapareció, pero había dejado un presente para Ruth: un pequeño colgante, constituido por una piedra que liberaba brillos en tonos amarillos, naranjas y rojos; cuya intensidad crecía y decrecía como si fuera un ser vivo.


El día de su muerte, tal como expresamente había pedido; llevaba puesto ese mismo collar. A partir de ese momento, pasó a formar parte de otro plano. Un plano ligado al mortal por pocos puntos y figuras; entre ellas, la que llevaba puesta. En este nuevo plano  decidió  hacer lo que le gustaba en la Tierra y se dedicó a hacer pájaros de todos los colores y formas, y a dotarlos de los más bonitos y variados trinos.


El lugar donde los creaba, era una zona que recordaba de cuando estaba viva: un bosque. Decidió instalarse allí, en un árbol viviente; lugar perfecto para una mujer-pájara. Era como volver a la vida.


 


Asier Sánchez Leiras, 1ºB

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